martes, 2 de julio de 2013

Paradojas de la vida

Hoy me gustaría compartir con vosotros una pequeña historia que no por anecdótica es menos real.

Resulta que esta mañana me encontraba yo, adormilado y meditabundo, esperando el autobús. Como cualquier mañana, pensaba en todo y en nada: que si la última novela de Murakami, que anda que no las está pasando putas Tyrion Lannister en "Danza de Dragones", que si el curro, que si esto y que si lo otro... en fin,  con el cerebro activado en modo automático, simplemente surfeaba mentalmente entre unos pensamientos y otros; me dejaba llevar.

A mi lado, esperando como yo, los mismos de siempre a esas horas: el profesor del sombrero, la señora que huele a fresas, dos chavales clavados a Beavis and Butthead... todos con el mismo sueño y las mismas pocas ganas de  (jodidos madrugones).

Todo iba como siempre. Como todos los días laborables: Al milímetro.

La rutina manejando nuestros hilos orquestando una danza que ya todos conocemos al dedillo. O al menos en eso andaba hasta que un acontecimiento ha venido a sorprendernos a todos, a ella incluída.

Para que os hagáis una idea, la parada del autobús en cuestión está situada en una amplia avenida, de esas de varios carriles por sentido. Justo a continuación de la parada hay un paso de peatones con semáforo y un poco más allá otra amplia avenida que baja corta transversalmente a la primera... vamos que hay un cruce.

En ese momento, el semáforo está en verde para los vehículos que circulan por la avenida donde está situada la parada. Cruzan todo tipo de vehículos, todos menos el jodido autobús, que sigue sin aparecer.

De repente se empieza a oir la típica sirena como cualquiera de las muchas que se pueden escuchar a diario en Madrid y que componen la banda sonora diaria de los madrileños.

Todos salimos de nuestras ensoñaciones y dirigimos los todavía embotados sentidos hacia la fuente del ruido infernal y sí, allá arriba, por la avenida transversal, circula un coche a toda pastilla con las luces de emergencia activadas, mientras sortea a los demás vehículos que se quitan de enmedio como buenamente pueden.

El coche se acerca a toda velocidad al cruce. Los de la avenida de la parada del autobús siguen pasando. Se produce un momento de duda en los que nadie sabe que hacer. El vehículo de emergencias frena pero acelerando, los vehículos que vienen por esta avenida a su vez también aceleran pero frenando... y que si tu que si yo y al final se produce lo inevitable: De repente escuchamos un sonoro chirrido seguido de un CRASH... Et voilà: Golpazo al canto.


El primer vehículo que estaba a la altura del cruce frena para dejar pasar al vehículo de emergencias con lo cual es embestido violentamente (aunque sin lamentar daños personales) por el que venía por detrás, que a su vez es embestido por un tercero.

Conclusión: tres vehículos dañados, unos con el morro como el acordeón de Chanquete y otro con menos culo que Peter Languila (y sí, lamentablemente he visto el vídeo).

El vehículo de emergencia, que venía a todo trapo por la avenida transversal había reducido su velocidad para evitar problemas, y viendo que los otros ya estaban detenidos (accidente mediante) inicia la marcha dubitativamente y despúes la continúa como quien no quiere la cosa hasta desaparecer del mapa y es entonces, cuando, antes de perderse de vista definitivamente,  puedo leer su rótulo, que dice "Vehículo de investigación de accidentes".

¿Llevaba mucha prisa?, ¿sería muy urgente aquello que tenía que investigar?, ¿No debería parar y atender el pitote que se había formado en parte por su culpa, o dar aviso? 

Y mientras me lo preguntaba, no podía dejar de pensar en lo paradójicas que pueden llegar a ser las cosas, si un vehículo habilitado para la investigación de accidentes es capaz de provocar de manera más o menos directa uno y luego escurrir el bulto como si no hubiese pasado nada.

Miedo me da llamar a otro para que venga, quizás sea peor el remedio que la enfermedad...