miércoles, 1 de julio de 2009

LA NEBULOSA DEL TIEMPO.

Hoy me he puesto a pensar, y cuando me pongo a pensar, malo.
Reconozco que es más fácil dejarse llevar por el día a día, enfrascarse en las tareas cotidianas, cumplir con tus obligaciones y aquí paz y después gloria, que intentar reflexionar o pensar, cualquiera que sea la temática con las que entretener a nuestras anquilosadas neuronas.
Andamos siempre justos de tiempo para todo, y tras un día duro de trabajo, lo que más nos apetece es relajarnos y disfrutar del momento. Sin complicaciones. Sin trabas. Sin pensamientos molestos.

A todo esto contribuye (y de que manera), nuestro bienamado estado de bienestar, que nos da todo tipo de comodidades para que evitemos pensar por nosotros mismos.

La Tv, por ejemplo, se encarga de esto con bastante eficacia. Alguien se encarga de pensar por nosotros, de darnos las ideas y los razonamientos, de posicionarnos, de hacernos tomar una actitud ante la vida, y todo ello sin despeinarnos siquiera. Nos sirve un modelado en bandeja que no rehusamos y que incorporamos de manera inconsciente a nuestros esquemas mentales.

En fin, que me empiezo a ir por los cerros de Úbeda y no es esa mi intención.

Hoy pensaba en algo menos trascendental, quizás un tanto superficial. He empezado a recordar ciertas caras, rostros de personas que a lo largo de mi vida se han cruzado en mi camino. Gente con la que he compartido cosas, más o menos intensas, voluntaria o involuntariamente.

Me han venido recuerdos de la infancia, compañeros de esos primeros años de escuela. Gente en la que hacía muchos años que no pensaba, perdidas en la nebulosa del tiempo. Atrapadas en mis redes memoriales.
Personas, todas ellas que al igual que yo tendrán sus miedos, sus anhelos. Compañeros, amigos que un día lo fueron, cuyas vidas habrán evolucionado hasta vete tú a saber dónde.
Y es que cuando uno empieza a tener cierta edad, la suficiente como para tener un buen recorrido a sus espaldas, es lógico que ciertos recuerdos afloren. Al fin y al cabo se trata de la propia experiencia vital de cada uno y a modo de historia va quedando grabada en la memoria, con personajes que van y vienen.
Es curioso pensar que aquellas personas con las que un día compartes tu vida, puedan desaparecer de ella sin más. Pero así es la vida. Espero que a todas esas personas que un día se cruzaron en mi camino les vaya bien. De momento están ahí, prendidos en la nebulosa del tiempo, cada vez más espesa y profunda.