domingo, 3 de octubre de 2010

El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas.

Haruki Murakami ha sido uno de esos escritores que los occidentales hemos ido descubriendo de unos años a esta parte, sobre todo desde la aparición de "Kafka en la orilla", allá por el 2002, libro que, por otra parte, fue toda una revelación. En ese momento creo que muchos españoles se dieron cuenta de que los japoneses, además de dibujar "tebeos raros", y de fabricar robots, también podían escribir, y bien.

El caso de Murakami es un claro caso de "corredor de fondo", por así decir. Su primer libro salió publicado a principios de los años 80 y desde entonces no ha dejado de publicar libros. Aquí en España han salido casi todos de la mano de la Editorial Tusquets, cuyo formato he de decir que me parece muy cómodo para facilitar la lecura todo terreno, sin descuidar la calidad de sus acabados.

Todavía no he leído todos los libros de este genial escritor y confieso que lo conocí cuando lo hicieron la gran mayoría de los hijos del imperio español, pero desde eso momento quedé gratamente sorprendido. "Kafka en la orilla" fue un libro que me sorprendió. Y mucho. Pero de ese libro hablaré en otro momento... si llega el caso.

El caso es que posteriormente a este, elegí leer "El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas" por varios motivos. En primer lugar, porque Kafka en la orilla me pareció un libro tan original, que no pude decir que no a éste otro. En segundo lugar, porque con ese título tan sugerente no podía ignorarlo. Y en tercer lugar, porque ese buen sabor de boca de Kafka en la orilla, me pedía más cosas de Murakami.

Por todos estos motivos me enfrasqué en la lectura de "El fin del mundo..." y no me decepcionó. La historia es original como pocas. Los personajes de Murakami tienen ese toque especial que pocos escritores consiguen darle a sus creaciones. La historia es de esas que no te dejan impasible.

Murakami es un maestro en eso de mezclar lo real con lo onírico, de hecho, a veces no sabemos realmente que es lo real y que lo imaginario, de aquello que nos cuenta. El tono de sus historias es ligeramente cómico, aunque a veces trate temas tan espinosos como la soledad del ser humano y la búsqueda o la necesidad del amor.

Sus personajes suelen estar algo "rotos" y sus historias tienden a mantener un cierto aire de búsqueda personal, de evolución y construcción personal. Todo ello sin perder cierto halo de magia y misticismo.

En el caso concreto del libro que hoy me ocupa, se cuentan dos historias paralelas, que se desarrollan en dos escenarios totalmente distintos. La primera se desarrolla en un Tokio pseudo-futurista ("el país de las maravillas"), y la segunda en una ciudad totalmente amurallada ("el fin del mundo").

En la primera historia el personaje es un informático que trabaja para una empresa de carácter estatal desarrollando software ("El Sistema") y es contratado por una especie de científico loco que vive en una inmensa caverna en el subsuelo de la ciudad. Lo que está en juego es el control de la información a través de una encarnizada lucha de subterfugio entre "El sistema" y "los semióticos", una especie de organismo anti-gubernamental.

En la segunda historia, en el fin del mundo, encontramos a un recién llegado a esa ciudad que al entrar es despojado de su sombra y en la que va a ir conociendo a dispares personajes, con los que mantendrá cierta relación, como son una bibliotecaria, un militar retirado o el guardián de las puertas de la ciudad, que por otro lado se encarga de vigilar unas estrañas bestias que campean por allí...

Y ya no cuento más, que si no me meto en terreno movedizo. El que quiera que se sumerja en esta historia, que sin duda alguna es de lo más original que me he leído en mucho tiempo.

De momento, os dejo para empezar con "After Dark".

Saludos y pasad buen domingo.